Tras la retirada del transbordador norteamericano y el azote de la crisis económica mundial, el panorama de misiones espaciales tripuladas está un poco apagado. No obstante, en Estados Unidos las distintas empresas que compiten por desarrollar la próxima nave espacial tripulada norteamericana siguen adelante con sus planes. El próximo verano la NASA debe otorgar una nueva inyección de dinero público de entre 300 y 500 millones de dólares dentro de la iniciativa CCiCap (Commercial Crew Integrated Capability) que se sumará a lo ya invertido en el programa CCDev. Tanto el CCiCap como el CCDev forman parte del programa CCP (Commercial Crew Program), un proyecto que vio cómo se reducía su presupuesto este año por el Congreso de los EEUU.
El problema es que no todas las empresas participantes recibirán esta ansiada inyección de dinero. Actualmente, los candidatos son Boeing y su nave CST-100, SpaceX y la versión tripulada de la Dragon, el transbordador Dream Chaser de Sierra Nevada y la cápsula SV de Blue Origin. De estas propuestas, los rumores apuntan a que sólo una o dos pasarán a ser financiadas por el CCiCap, algo que se veía venir. Todo el mundo apuesta por SpaceX, una empresa que ya ha desarrollado un cohete propio potente (Falcon 9) y la nave de carga Dragon (aunque aún debe demostrar que es capaz de acoplar esta nave a la ISS de forma rutinaria). Por lo tanto, es normal que los otros candidatos estén nerviosos y apuren estos meses para demostrar avances -milestones- en sus respectivos proyectos si quieren recibir más dinero.
Boeing es después de SpaceX la empresa con más probabilidades de desarrollar una nave tripulada. Pero no se duerme en los laureles y recientemente llevó a cabo con éxito una prueba del sistema de paracaídas de la CST-100. Eso sí, Boeing se ha apresurado a curarse en salud y ha comunicado que, incluso en el caso de resultar agraciada por el CCiCap, ve muy difícil tener lista la nave para 2015. 500 millones de dólares no son suficientes para un programa tan complejo, así que habría que esperar a 2016 (la fecha límite impuesta por la NASA es 2017, por eso todas las empresas insisten en que tendrán listas sus naves antes de ese año). En todo caso, el diseño final de la cápsula no se concretará hasta 2014.
Por su parte, Blue Origin ha demostrado que no es el patito feo del grupo y, contra todo pronóstico, se ha hecho un hueco entre los candidatos aventajados, superando al Dream Chaser en opinión de muchos expertos. La cápsula SV con forma de cuerpo sustentador realizó hace poco una validación de su diseño en un túnel de viento, una magnífica oportunidad para ver algún detalle adicional de esta nave, hasta ahora la más misteriosa -otros dirían difusa- de todas las propuestas del CCP. Hemos podido comprobar que el diseño del vehículo sigue las líneas de un cuerpo sustentador con superficies aerodinámicas de control en la parte trasera, presentando una forma idéntica a la del cancelado proyecto ruso Kliper.
Este agosto sabremos cuáles son los candidatos finales a ser la próxima nave tripulada de los EEUU, a los que habrá que sumar la nave Orión-MPCV, desarrollada por Lockheed-Martin para la NASA y que debe despegar a bordo del futuro cohete SLS. Pero tal y como están las cosas, todo indica que sólo puede quedar uno.
Modelo de la CST-100 de Boeing sobre un Atlas V (Aviaton Week).
Lanzadera Dream Chaser (Sierra Nevada).
CST-100 (Boeing).
Prueba del sistema de paracaídas de la CST-100 (Boeing).
Vídeo de la prueba:
Pruebas del SV de Blue Origin en el túnel de viento (Blue Origin).

















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