lunes, octubre 31, 2011

¿Géiseres de hidrógeno en Mercurio?

¿Quién dijo que Mercurio era aburrido? La sonda MESSENGER de la NASA ha descubierto recientemente unas extrañas formaciones brillantes que se encuentran distribuidas por todo el planeta. Con forma de depresiones irregulares, las hay de todos los tamaños, desde unas pocas decenas de metros a varios kilómetros. Puesto que aparecen superpuestas a los numerosos cráteres de la superficie, se cree que estas estructuras deben ser relativamente jóvenes en términos geológicos.

Los misteriosos agujeros de Mercurio podrían formarse mediante géiseres de hidrógeno (NASA).

Nadie sabe cómo se han formado. En un principio se invocó el viento solar para explicar estas formaciones, pero no está nada claro que ésta sea la respuesta. Hace unos días, Marvin Herndon propuso un mecanismo diferente. Según la hipótesis de Herndon, Mercurio habría retenido grandes cantidades de hidrógeno durante su formación y lo habría ido liberando progresivamente desde el interior a través de géiseres superficiales. Al atravesar la superficie, el hidrógeno reaccionaría con varios minerales. En concreto, se crearía hierro metálico al reaccionar con el sulfuro de hierro. Si Herndon está en lo cierto, el elevado albedo de estas depresiones se debería a la presencia de polvo de hierro.

Hidrógeno disuelto en el manto de hierro de Mercurio (Marvin Herndon). 

Obviamente, se trata de una hipótesis bastante arriesgada que muchos expertos ya han calificado de descabellada. Pero no me negarán que la mera posibilidad de que el planeta más pequeño del Sistema Solar posea géiseres de hidrógeno que cubren de tanto en tanto el paisaje con polvo de hierro es algo bastante curioso. En todo caso, se trata de una hipótesis fácil de refutar: sólo hace falta comprobar si existe hierro o no en las misteriosas formaciones.

Referencias:

domingo, octubre 30, 2011

El futuro del programa espacial norteamericano

Si decimos que la NASA no atraviesa sus mejores momentos no estamos descubriendo nada nuevo. Tras la retirada del transbordador espacial, el programa tripulado de la agencia estadounidense se encuentra en el momento de mayor incertidumbre de toda su historia. Nadie sabe si la agencia volverá a disponer de un vehículo tripulado propio o, lo que es peor, cuándo ocurrirá. Y sí, es cierto que la NASA ha pasado antes por otros periodos en los que carecía de capacidad para poner un hombre en órbita, pero esta es la primera vez que el programa tripulado estadounidense corre un riesgo real de desaparecer, algo impensable hace tan sólo unos pocos años. La iniciativa privada promete ser la salvación de la NASA, pero no olvidemos que se trataría en todo caso de un programa subvencionado por el gobierno federal.

¿Cuál es el futuro de la NASA?

Cómo hemos llegado hasta aquí

¿Y qué es lo que ha pasado para que nos encontremos en esta situación? Pues básicamente, que la agencia espacial ha afrontado este nuevo siglo con la misma mentalidad que tenía durante la Guerra Fría. La NASA -al igual que su contrapartida, el programa espacial soviético- fue un producto de la confrontación entre las dos superpotencias, una singularidad histórica que no debía haber existido. Tras la caída de la Unión Soviética, Rusia pronto se dio cuenta de este hecho cuando se vio incapaz de mantener el programa espacial a los mismos niveles que la URSS. Durante los años 90, el programa espacial ruso tuvo que enfrentarse a un duro dilema: cancelar proyectos y optimizar la gestión de los escasos recursos económicos o desaparecer en el olvido. Por suerte para todos, Rusia logró salvar importantes sectores de su industria aeroespacial, aunque no sin enormes sacrificios. Como resultado, el programa espacial ruso goza de muy buena salud hoy en día, pero que nadie se llame a engaño. Rusia no será jamás la superpotencia espacial que fue la Unión Soviética.

Por contra, el fin de la Guerra Fría no supuso ningún cambio radical para la NASA. La agencia siguió con sus asuntos como si nada hubiese ocurrido, operando el transbordador espacial en la órbita baja misión tras misión. En todo caso, la desaparición de la Unión Soviética permitió que la NASA utilizase a Rusia para sacar adelante su proyecto de estación espacial Freedom, un proyecto que estuvo a punto de ser cancelado a principios de los 90. Por supuesto, el beneficio fue mutuo, puesto que la cooperación con los Estados Unidos le proporcionó al programa espacial ruso una generosa inyección de dinero fresco que resultó crítica para su supervivencia. Fruto de la fusión de los proyectos Freedom y Mir 2 nació en 1994 la actual estación espacial internacional (ISS).

La ISS y la Luna (NASA).

Pero lo cierto es que tanto el shuttle como la estación Freedom eran hijos de la Guerra Fría. El transbordador espacial era un proyecto de la era Apolo, concebido a finales de los años 60 para mantener la paridad del esfuerzo espacial norteamericano con la URSS. Así que la NASA no tenía nada claro qué hacer una vez finalizada la construcción de la ISS. El presupuesto de la agencia impedía volver a repetir las hazañas del Apolo y el transbordador había demostrado ser un vehículo complejo que no había reducido un ápice el coste del acceso al espacio. ¿Era adecuado mantener el shuttle operativo unas cuantas décadas más o por el contrario había que desarrollar una nueva nave más pequeña y flexible como el OSP? En 2003 el transbordador Columbia se desintegró durante la reentrada poniendo fin a este debate. El consenso era que había que retirar al transbordador cuanto antes, eso sí, una vez terminada la construcción de la ISS. Pero, ¿qué hacer después? El por entonces administrador de la NASA, Mike Griffin, vio en el desastre del Columbia la oportunidad de empezar desde cero. Estados Unidos volvería a la Luna gracias a una nueva cápsula, denominada Orión, y a la nueva familia de cohetes Ares basados en tecnologías del shuttle. El Ares V sería el mayor lanzador jamás construido, superando ampliamente al Saturno V del Apolo. Nacía así el Programa Constelación a mediados de la pasada década. El transbordador sería retirado en 2010 y la ISS en 2015 para poder financiar este ambicioso plan.

Elementos del desaparecido Programa Constelación (NASA).

Ambicioso calendario del Programa Constelación (NASA).

Nave Orión/MPCV. ¿Volará algún día? (NASA).

Pero la NASA se había marcado un farol. Griffin sabía que era imposible que la agencia espacial sacase adelante el Programa Constelación con el presupuesto disponible, así que concibió el proyecto de tal forma que los políticos se viesen obligados a aumentar la financiación de la NASA si no querían que  el programa espacial tripulado estadounidense desapareciera por completo. Al fin y al cabo, pensó Griffin, ningún presidente querría pasar a la historia como el hombre que eliminó el programa espacial. Pero se equivocó por completo. La Comisión Augustine abrió la caja de Pandora en verano de 2009 al confirmar que el Programa Constelación no podría hacerse realidad sin un aumento significativo del presupuesto de la NASA. Poco después, el presidente Obama ocupaba su cargo en medio de la mayor crisis económica del último medio siglo. Obama nunca demostró interés alguno por el programa espacial, pero aún así sorprendió a propios y extraños al cancelar el Programa Constelación a principios de 2010. Porque Obama también eliminó de un plumazo la nave Orión y el cohete Ares I, el conjunto que debía sustituir al shuttle. Al mismo tiempo, se negó a prolongar la vida útil del transbordador y, salvo un par de misiones adicionales añadidas a última hora, se decidió retirarlo tal y como estaba previsto sin tener ningún sustituto preparado.

El transbordador espacial fue retirado este año sin tener listo un sustituto (NASA).

Como es lógico, el pánico se adueñó de la NASA. La mentalidad de la Guerra Fría le había jugado una mala pasada a Griffin. El programa espacial tripulado ya no era una prioridad para el país, y menos aún en medio de una crisis económica brutal. Pero que nadie se llame a engaño. El asunto no es, ni lo ha sido nunca, una cuestión de dinero. El dinero destinado a la NASA es una cifra infinitesimal comparado con el presupuesto que los EEUU destinan a defensa. No, el dinero nunca ha sido un problema. Simplemente, el programa espacial tripulado ha dejado de interesar a la mayoría de la clase política.

No obstante, la presión de algunos sectores del Congreso y los lobbies de las empresas aeroespaciales forzó a Obama a suavizar su plan original. A mediados del año pasado se decidió que la Orión (ahora denominada MPCV) sería finalmente construida. Y este septiembre se anunció oficialmente el desarrollo del cohete SLS, una especie de Ares V reducido en busca de un objetivo al que servir. El conjunto MPCV/SLS es la última oportunidad que tiene la NASA para mantener un programa espacial tripulado propio con capacidad para viajar más allá de la Tierra. Si este plan no tiene éxito, algo bastante probable, la agencia dependerá exclusivamente de las naves privadas para alcanzar la órbita baja, probablemente la Dragon de SpaceX o la CST-100 de Boeing, aunque nadie sabe cuándo estarán listos estos vehículos. Mientras, los Estados Unidos seguirán dependiendo de Rusia para mandar sus astronautas al espacio.

SLS y Jupiter 3.0 Busquen las diferencias (NASA/DIRECT).

Nave Dragon de SpaceX (SpaceX).

Las alternativas a la luz de los números

¿Se podían haber hecho las cosas de otra forma? Sin duda. El presupuesto anual de la NASA destinado a las actividades tripuladas durante la pasada década, sin ser comparable al de la era Apolo, era más que suficiente para desarrollar poco a poco una arquitectura de exploración más robusta y sensata. Cuando se habla del presupuesto de la NASA, es inevitable que aparezca la siguiente gráfica, que representa la evolución del dinero destinado a la agencia espacial como porcentaje del presupuesto federal:

Presupuesto de la NASA como porcentaje del presupuesto federal (NASA).

Efectivamente, el pico de la era Apolo y el posterior declive son más evidentes, pero no nos olvidemos que estamos hablando de porcentajes. Si nos fijamos en el presupuesto de la NASA en cifras absolutas ajustadas a la inflación, la cosa cambia significativamente:

Presupuesto de la NASA en términos absolutos dólares ajustados a la inflación (línea naranja) (Wikipedia).

Aunque el "pico del Apolo" sigue ahí, la diferencia con el nivel de inversión de las últimas décadas disminuye considerablemente. Y es que mucha gente se olvida de que los increíbles presupuestos del programa Apolo se mantuvieron durante apenas seis años, mientras que la financiación del transbordador y la ISS, más modesta, se ha extendido durante más de tres décadas, algo que queda patente en la siguiente gráfica comparativa:

Coste total de los distintos programas espaciales tripulados de la NASA ajustados a la inflación en dólares de 2010.

En definitiva, si la agencia hubiese apostado desde un primer momento por un sistema de lanzamiento similar a los cohetes Júpiter de la propuesta DIRECT para sustituir al transbordador no habría tenido que pasar por el bochornoso espectáculo que supuso el diseño del Ares I y los continuos sobrecostes del monstruoso Ares V. No es casualidad que el aspecto actual del SLS recuerde poderosamente a los lanzadores de DIRECT. Igualmente, sin las limitadas prestaciones del Ares I, el desarrollo de la cápsula Orión habría resultado mucho más barato y rápido. Por último, si la NASA hubiese priorizado hace años el Camino Flexible y la utilización de depósitos orbitales de combustible, actualmente dispondría de una estrategia realista para la exploración más allá de la órbita baja. Incluso algo tan crucial como la dependencia de Rusia en la ISS se podía haber suavizado considerablemente si el programa X-38 no hubiese sido cancelado en 2002 por el entonces administrador de la NASA Sean O'Keefe. Por supuesto, todas estas medidas son las que está intentando llevar a cabo la NASA ahora, pero ya se han desperdiciado décadas de trabajo y miles de millones de dólares en proyectos que no han ido a ninguna parte. Muchos temen que quizás ya es demasiado tarde.


Y ahora...¿el ocaso del programa no tripulado?

Hasta ahora, los problemas con el programa espacial tripulado de la NASA parecían no afectar en absoluto a las misiones robóticas. Es más, durante la pasada década la agencia espacial ha vivido una auténtica edad de oro gracias a una pléyade de sondas espaciales y satélites científicos de todo tipo. Con la cancelación del Programa Constelación y el shuttle, muchos partidarios de la exploración no tripulada del espacio esperaban que el dinero de estos programas "inútiles" se destinaría finalmente a construir nuevas sondas y observatorios espaciales. Pero no ha sido el caso. Más bien, todo lo contrario.

De hecho, un reciente artículo de Robert Zubrin, presidente de la Mars Society, en el periódico conservador The Washington Times ha encendido las luces de alarma. Según Zubrin, la administración Obama planea reducir a niveles paupérrimos el presupuesto destinado a la exploración planetaria para el año fiscal 2013. La principal víctima de estos recortes sería el programa para el estudio de Marte, de tal modo que la NASA no llevaría a cabo ninguna misión adicional al planeta rojo durante esta década después del lanzamiento de las sondas Curiosity y MAVEN.

Aunque la NASA no ha tardado en salir al paso de las declaraciones de Zubrin, el caso es que hay motivos para la intranquilidad. Y Zubrin no es el único que piensa de esta manera. El antiguo presidente de The Planetary Society, Lou Friedman, se ha expresado recientemente en los mismos términos. Lo cierto es que nada de esto es nuevo. Hace varios meses que la comunidad científica está preocupada por la aparente disminución en el número de nuevas misiones para los próximos diez años. La raíz del problema hay que buscarla en los retrasos y sobrecostes del telescopio espacial James Webb, que ya han obligado a la agencia a cancelar varias misiones científicas. Desgraciadamente, parece que estos sacrificios han sido en vano, porque el James Webb tiene los días contados. Salvo un milagro de última hora, la NASA no puede permitirse los casi ocho mil millones de dólares por los que saldrá finalmente este proyecto.

Telescopio espacial James Webb (NASA).

Además, la agencia declaró recientemente que no podría aportar los 1500 millones de dólares que cuesta el cohete Atlas V para la misión ExoMars Trace Gas Orbiter de la ESA. Por si fuera poco, nadie ha explicado oficialmente el porqué de este cambio de opinión, que ha obligado a la ESA a recurrir a Rusia para lanzar esta sonda. El programa de exploración de Marte de la NASA para esta década pasa por la cooperación con la ESA y tiene como objetivo traer a la Tierra muestras del suelo marciano, lo que requerirá dos o tres misiones como mínimo con un coste total de unos ocho mil millones de dólares, un precio sospechosamente similar al del James Webb. ¿El programa marciano será cancelado en favor del James Webb? No lo sabemos, pero no sólo el estudio de Marte está en peligro. La próxima misión flagship de la agencia, la sonda JEO (Jupiter Europa Orbiter), también corre el riesgo de ser cancelada próximamente si no reduce sus ambiciosos objetivos.

Ya dijimos en este blog que la cancelación del Programa Constelación y la retirada del transbordador espacial no iban a suponer un aumento en el número de misiones no tripuladas. Desgraciadamente, el tiempo nos ha dado la razón. Muchos se han olvidado una vez más que el programa espacial no tripulado también es hijo de la Guerra Fría. Puede que mandar una sonda a Marte nos parezca mucho más "útil" que una misión del transbordador espacial, pero para la mayor parte de políticos su utilidad es la misma. Es decir, ninguna. Sin un programa tripulado que lo "arrope" políticamente, la exploración no tripulada del espacio es un objetivo políticamente igual de prescindible que la tripulada, puede que incluso más.

Pese a todo, seamos optimistas. La NASA seguirá disfrutando del programa no tripulado más complejo del planeta. Además de las numerosas sondas y satélites ya en funcionamiento, en los próximos diez años se lanzará OSIRIS-REx, una misión de clase New Frontiers, y otra sonda de clase Discovery aún por determinar. No obstante, lo cierto es que la edad de oro de las sondas espaciales de la NASA podría estar llegando a su fin.

El futuro

No es exagerado decir que la NASA está sufriendo con dos décadas de retraso las consecuencias del fin de la Guerra Fría. Sin un poderoso enemigo ante el que realizar exhibiciones tecnológicas, el gobierno federal muestra cada vez menos interés en desembolsar las cantidades de dinero que requiere un programa espacial ambicioso. Por supuesto, podemos estar tranquilos: la NASA no va a desaparecer. Seguirá lanzando satélites y sondas, aunque a un ritmo inferior al de los últimos años. Pero si hablamos del programa tripulado, el asunto es más serio. Si finalmente el SLS y la Orión son cancelados, imaginar un futuro sin astronautas de la NASA -que no estadounidenses- ya no resulta tan descabellado.

La NASA se encuentra en estos momentos en una verdadera encrucijada. Si las cosas salen bien, en poco tiempo podría disponer de dos o tres naves tripuladas y un lanzador pesado. Incluso sería capaz de llevar a cabo una misión tripulada de sobrevuelo lunar en 2019. Por el contrario, en el peor de los casos, la agencia bien podría quedarse sin una nave espacial propia y el programa científico no tripulado quedaría reducido a la mínima expresión. Para bien o para mal, no cabe duda que los próximos años prometen ser muy interesantes.

Posibles naves tripuladas norteamericanas (BBC).

Una cosa es segura: los astronautas de la NASA tendrán que seguir usando la Soyuz rusa durante varios años (NASA).


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Lanzamiento Progress M-13M

Hacía años que un lanzamiento de una nave de carga Progress no despertaba tanta atención, pero el fracaso de la Progress M-12M el pasado agosto puso en jaque la gestión del transporte de suministros hasta la estación espacial internacional (ISS). Si este lanzamiento hubiese fracasado, la continuidad de las operaciones tripuladas a bordo de la ISS se habría visto seriamente comprometida.

Progress M-13M (RKK Energía).

Pero por suerte, hoy domingo 30 de octubre a las 10:11:13 UTC ha despegado sin novedad la Progress M-13M (11F615A60 nº 413) a bordo de un cohete Soyuz-U desde la Rampa Número 5 (PU-5 ó 17P32-5) del Área 1 (Gagarinski Start) del cosmódromo de Baikonur (GIK-5). La Progress M-13M se acoplará a la ISS el próximo día 2 de noviembre a las 10:11 UTC.

La tercera etapa del cohete Soyuz-U que lanzó a la Progress M-13M. El motor RD-0110 de esta etapa falló en el anterior lanzamiento (RKK Energía).

Progress-M

Las Progress son naves de carga no tripuladas basadas en la nave Soyuz. Incluyen un compartimento no presurizado para almacenar combustible en sustitución de la cápsula (SA) de las Soyuz. Su módulo orbital presurizado se utiliza para llevar comida, agua, aire y equipamiento de diverso tipo a los cosmonautas a bordo de la estación espacial. Las dimensiones de la Progress son de 7,23 x 2,2 metros (el diámetro máximo es de 2,72 metros), con una envergadura de 10,6 metros gracias a los paneles solares. La actual serie Progress M-XM incorpora sistemas digitales y es la última versión de esta nave de carga. El primer vuelo de una Progress tuvo lugar el 20 de enero de 1978.

Están divididas en tres secciones:

  • Compartimento de carga (GrO, Gruzovói Otsek/Грузовой Отсек): es similar en forma al módulo orbital (BO)  de una Soyuz, pero la principal diferencia es que no existe una escotilla interna que lo comunique con la cápsula de descenso, ausente en las naves Progress. Además, mientras el BO de la Soyuz sólo tiene una escotilla de acceso en tierra, el GrO tiene tres: dos de servicio ("tecnológicas") y otra para introducir la carga. El volumen del GrO es de 7,6 m³.
  • Compartimento de Combustible (OKD, Otsek Komponentov Dozapravki/Отсек Компонентов Дозаправки): sustituye a la cápsula de la Soyuz y es donde se almacena el combustible para su trasvase a la ISS, además de otras cargas no presurizadas.
  • Módulo de Propulsión (PAO, Priborno-Agregatni Otsek/Приборно Агрегатни Отсек): muy similar al módulo de servicio (PAO) de la Soyuz.


Partes de una nave Progress M (NASA).



Módulo de carga (GrO) de la Progress (Roskosmos).


La Progress M-13M (45P en la terminología de la NASA) tiene una masa de 7281 kg, incluyendo 2648 kg de carga útil:
  • 578 kg de combustible para trasvasar al módulo Zvezdá.
  • 250 kg de combustible para maniobras de elevación de la órbita de la ISS usando los motores propios.
  • 50 kg de oxígeno (SrPK).
  • 420 kg de agua del sistema Rodnik.
  • 1350 kg en el compartimento presurizado (GrO), incluyendo:
    • 15 kg para el sistema de gases de la estación (SOGS).
    • 9 kg para el sistema de control de temperatura (SOTR).
    • 50 kg de agua potable para el sistema SVO.
    • 9 kg para el sistema de control (SUBA).
    • 1 kg para el sistema de alimentación eléctrica (SEP).
    • 316 kg de alimentos.
    • 423 kg de carga para el segmento norteamericano (incluyendo víveres).
    • 143 kg de ropa, medicinas, sistemas de control de la atmósfera y elementos de aseo e higiene personal.
    • 7 kg medios de servicio técnico y reparaciones (STOR).
    • 125 kg para el sistema higiénico y sanitario (SSGO).
    • 11 kg equipamiento para el módulo Zaryá.
    • 4 kg para el módulo Rassvyet (MIM-1).
    • 138 kg de equipos para los cosmonautas rusos de la ISS.
    • 24 kg de documentos para la tripulación.
    • 51 kg de instrumentos para los experimentos Chibis (minisatélite), Tipologiya, Zhenshen-2, Struktura, Plazmeni Kristall-3 Plyus.

Maniobras de la Progress M-13M para acoplarse a la ISS (TsUP).

Los parámetros iniciales de la órbita de la Progress M-13M fueron de 193 x 245 km, con un periodo de 88,59 minutos y una inclinación de 51,66º. La Progress M-13M realizará tres maniobras orbitales en dos días para acoplarse con la ISS:
  1. 30-10-2011: primera maniobra después del lanzamiento con una Delta-V de 21,03 m/s mediante el un encendido de 53,3 s.
  2. 30-10-2011: segunda maniobra con una Delta-V de 11,64 m/s gracias a un encendido de 29,9 s.
  3. 01-11-2011: Delta-V de 3 m/s y una duración de 44,1 s.
Soyuz-U

El Soyuz-U (11A511U) es un cohete de tres etapas con una capacidad para colocar 6950 kg en una órbita baja de 200 km de altura y 51,6º de inclinación. Quema queroseno y oxígeno líquido en todas sus etapas y se fabrica en Samara (Rusia) por la empresa TsSKB Progress.

La primera etapa está constituida por los cuatro bloques laterales (denominados Bloques B, V, G y D), de 19,6 x 2,68 metros y 43,3 toneladas (con combustible) cada uno. Cada bloque incorpora un motor RD-117 (821-1000 kN, 252-308 segundos de Isp) con cuatro cámaras de combustión y dos vernier. Los bloques se apagan 118 segundos después del despegue.

La segunda etapa, Bloque A o Bloque Central, funciona durante 280-290 s y sus dimensiones son de 27,1 x 2,95 m, con una masa de 99,5 t. Tiene en su base un RD-118, similar a los RD-117 (779-997 kN, 243-309 s), pero con cuatro vernier. El Soyuz-FG, utilizado para los lanzamientos tripulados, emplea RD-107A en los bloques laterales y un RD-108A en el Bloque A.

La tercera etapa, Bloque I, funciona durante 230 s e incorpora la aviónica de control del cohete. Tiene 6,67 x 2,66 m y 25,3 t, con un motor de cuatro cámaras y cuatro vernier RD-0110 (297,93 kN, 319,5 s).

Soyuz-U (TsSKB Progress).

Fases del lanzamiento (Roskosmos).


Fases del lanzamiento:

  • T+0 s: lanzamiento.
  • T+118,8 s: separación de los cuatro bloques laterales (B, V, G y D, primera etapa). Formación de la "Cruz de Korolyov". 44,07 km de altura y 2,684 km/s. Los bloques caen a 350 km de la rampa, en la Región nº 16, Kazajistán.
  • T+161,36 s: separación de la cofia (GO). 82,2 km de altura y 3,1 km/s. Los fragmentos caen en la Región 69, a 550 km de la rampa, en Kazajistán.
  • T+287,3 s: separación de la segunda etapa (Bloque A). 164 km de altura y 5,282 km/s. Los restos caen a 1520 km de la rampa en Kazajistán o la Federación Rusa.
  • T+297,05s: separación del segmento de cola de la tercera etapa a 171 km de altura.
  • T+525,88 s: apagado de la tercera etapa.
  • T+529,18 s: separación de la tercera etapa (Bloque I). 200 km de altura y 9,2 km/s.

Lanzamiento Progress M-13M

Llegada en tren de la Progress M-13M desde Moscú al edificio MIK-KA (Área 254) de Baikonur (Roskosmos).

Vídeo de la llegada a Baikonur:



Integración con el segemento intermedio (PkhO) que une la nave con el lanzador Soyuz-U (RKK Energía).

Operaciones de carga e inspección (RKK Energía).


Inserción en la cofia (RKK Energía).

En el MIK-KA se puede ver las cofias de la Progress M-14M y la Soyuz TMA-22 (derecha). La Soyuz está siendo procesada en la parte inferior (RKK Energía).

Traslado de la Progress al MIK-112 para su integración con el Soyuz-U (RKK Energía).

Integración con la tercera etapa (RKK Energía).

Integración con el resto del lanzador (RKK Energía).

Traslado a la rampa de lanzamiento (RKK Energía).

Vídeo del traslado a la rampa:


Lanzamiento (Roskosmos).

Vídeo del lanzamiento:






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